Cinco reflexiones de Francisco de Roux sobre la Comisión de la Verdad

Francisco de Roux, S.J. afirma que uno de los principales desafíos de ese órgano será contribuir a superar los traumas sociales de la guerra. Dice que la labor de los comisionados estará orientada por un “espíritu de comprensión”.

 

Francisco de Roux es reconocido por su habilidad para tender puentes entre actores aparentemente irreconciliables y por su capacidad para descifrar las preocupaciones de los sectores más diversos de la sociedad. Su prioridad en la vida ha sido la búsqueda de la paz en las zonas más conflictivas del país, donde, de la mano de las comunidades, ha ideado diferentes proyectos para hacer lo mismo que ahora, como presidente de la Comisión de la Verdad, intentará hacer: “contribuir a superar las rupturas humanas ocasionadas por la guerra”.

En entrevista con Mimbre, de Roux planteó cinco reflexiones acerca del trabajo investigativo que la Comisión que preside está a punto de comenzar.

1. “Escucharemos a las víctimas sin prejuicios ni intereses ideológicos”

Quienes conforman la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad enfrentan, según Francisco de Roux, varios desafíos éticos. Por un lado, dice el jesuita, los comisionados están llamados a escuchar las verdades de todos los sectores de la sociedad, pero especialmente las de las víctimas: “El desafío central es reconstruir la verdad que emerge de su dolor, concentrarnos en las circunstancias fácticas más que en las interpretaciones de los hechos, oír sus voces sin intereses ideológicos y buscar las narrativas que aún no han sido escuchadas”, señala de Roux.

2. “A la Comisión de la Verdad también irán los responsables, pero voluntariamente”

Además de reconocer la verdad de las víctimas, los comisionados enfrentan, de acuerdo con de Roux, un segundo desafío ético: propender por que los victimarios reconozcan libremente el daño que causaron y contribuyan, con la aceptación abierta de sus responsabilidades, a sanar las heridas de la guerra.

“La Comisión propiciará el acercamiento entre las víctimas y quienes, de una u otra manera, participaron en el conflicto armado”, explica de Roux. El propósito, según él, es crear escenarios públicos de encuentro y reconocimiento en las regiones “no para rompernos en odios ni acrecentar las desconfianzas, sino para disminuir los apetitos de venganza y fortalecer la confianza colectiva”.

3. “El esclarecimiento de la verdad estará orientado por un espíritu de compresión”

El tercer desafío ético de la Comisión consiste, de acuerdo con el jesuita, en “transformar el dolor en una determinación por la reconciliación y la convivencia ciudadana”.

“Quienes participen del esclarecimiento de la verdad (sean excombatientes, empresarios, políticos, líderes sociales, víctimas, etc.) deben saber que este proceso está orientado por un espíritu de comprensión y que, por tanto, el objetivo no es juzgarnos, sino entender lo que nos pasó”, señala de Roux.

En ese sentido, la Comisión de la Verdad aspira a ayudar a superar lo que de Roux denomina “trauma social”, es decir, los daños emocionales que atraviesan a toda la sociedad y la sensación de rabia generalizada suscitada por el conflicto.

4. “No vamos a castigar a nadie”

“Los comisionados no somos inquisidores, jueces o magistrados que dictan sentencias”, dice el sacerdote. “Lo que buscamos es la verdad histórica y social de lo ocurrido; queremos descifrar las motivaciones y las condiciones regionales que hicieron posible la guerra”, agrega.

Por otra parte -señala el jesuita- la Comisión de la Verdad es una entidad autónoma, de orden constitucional. “Por tanto, no estamos al servicio de ningún gobierno, partido u organización. Actuamos movilizados por el derecho a la verdad que tenemos los colombianos y, en consecuencia, sentimos la necesidad de atender todas las voces y perspectivas, sin excepción”, aclara de Roux.

5. “El miedo a la verdad hace parte de la crisis espiritual del país”

“No es una crisis religiosa. Es una crisis espiritual y humana la que vivimos”, dice de Roux. Y de esa crisis, asevera, se deriva el miedo a la verdad y el temor a reconocer que, en circunstancias tan abrumadoras como las de la guerra, fallamos. “Para rescatarnos de esa crisis tendremos que hablar con transparencia de los enredos en que, como seres humanos vulnerables, frágiles y falibles, nos vimos envueltos”, concluye de Roux.