Descanse en paz este servidor bueno y fiel y entre a la casa de su Señor y Jefe.

“Toño”, como cariñosamente lo conocemos todos desde sus años de colegial, nació en Pereira, estudió la primaria en el Colegio Berchmans de Cali y luego estuvo en Villa Gonzaga, asistiendo a clases al Colegio de San Ignacio, hasta terminar el cuarto bachillerato, cuando ingresó a la Compañía de Jesús. Fue el primer novicio anotado en el ese día inaugurado Noviciado de San Estanislao de Kostka, el 7 de diciembre de 1956, y le correspondió el primer número para la ropa, el 800.
 
Con “Toño” fuimos muy cercanos y buenos amigos desde novicios; me llevaba un año de Compañía, y fuimos compañeros de estudios hasta terminar la filosofía, cuando nos separamos para la magisterio; el primer año lo hizo en el Colegio San Luis Gonzaga en Manizales y para el segundo fue enviado a Pasto, donde compartimos experiencias en el Colegio San Francisco Javier. Él hizo la teología en Chapinero y luego volvimos a compartir juntos la Tercera Probación. En nuestra vida apostólica compartimos comunidad y trabajo en los colegios de San Ignacio y Berchmans a lo largo de varios años.
 
“Toño” se distinguió siempre por ser una persona muy servicial, dispuesta a meter el hombro sin arredrarse ante las dificultades, colaborador en asuntos comunitarios, disponible para lo que se necesitara. Un hombre sencillo, sin darse ninguna clase de ínfulas y sin aparecer. Bastante acelerado y con un dinamismo incansable: no podía permanecer estático y tenía siempre que estar haciendo algo. Su fuerte no fue propiamente lo académico y por eso los estudios del juniorado y la filosofía le costaron no poco.
 
Por lo que hace a su vida religiosa, “Toño” era un hombre bueno, fiel a su oración diaria, a la celebración Eucarística y al rezo del Breviario. Era un sacerdote entregado a servir a la gente, con gran espíritu de fe y con algo que me parece lo caracterizaba: “Toño” no se aprestaba para la chismografía, no criticaba a los superiores y no hablaba mala de nadie.
 
Desde sus años de Apostólica se aficionó a la fotografía, aleccionado por un maestrillo fotógrafo; precisamente fue él quien tomó las fotografías en mi Ordenación Sacerdotal. Estando en Chapinero se hizo amigo de Don Julio Nocua, el Conductor del bus, y aprendió elementos básicos de mecánica automotriz, lo que, siendo sacerdote se tradujo en que le gustaba mucho manejar los buses escolares y se ofrecía cuando se ausentaba algún conductor. Claro que también, cuando manejaba carro, poco le gustaba a uno ir con él de chofer.
 
Gozaba de muy buena salud y era muy deportista. Gran aficionado a la bicicleta, participó en varias competencias para personas mayores como los Clásicos de El Colombiano. En el velódromo de Medellín, impuso  el record mundial de la hora en bicicleta para ciclistas sacerdotes. El escultismo fue otra de sus pasiones: cuando era apostólico fue Jefe de la Tropa Scout de Villa Gonzaga, posteriormente ya como sacerdote, fue varios años Capellán del Grupo Scout en nuestros colegios. Otra afición suya fue escalar varios picos del Parque de los Nevados en diferentes oportunidades.
 
Un apostolado al que le puso mucho cariño fue la catequesis. En los años 70 apoyó las catequesis del Padre Rafael Valserra,”Evangelio Comunicado”, en unión con una religiosa salesiana. A partir de los años 90 asumió, tanto en Cali como luego en Manizales, apoyar los programas del FAS (Formación y Acción Social).
 
Descanse en paz este servidor bueno y fiel y entre a la casa de su Señor y Jefe.

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