Pinceladas de la historia de los Jesuitas en Colombia

Dentro de la historia de la Iglesia y de su perspectiva humana y sobrenatural, la historia de la Compañía de Jesús es un capítulo y, por tanto, no puede analizarse sino en el contexto eclesial y siempre a la luz de la fe y de los aportes de la ciencia. Este artículo ofrece algunas pinceladas del acontecer histórico de la Compañía de Jesús en Colombia, desde la llegada de los primeros jesuitas hasta la restauración de la Provincia actual en 1924


Los primeros Jesuitas que llegaron a Colombia para permanecer en su territorio, arribaron a Cartagena en 1598 con el recién arzobispo de Santafé don Bartolomé Lobo Guerrero. Se trataba de los Padres Alonso de Medrano y Francisco de Figueroa, quienes venían de México y pronto se ocuparon de diversos ministerios, principalmente del trabajo con los indígenas y con la catedra moral para el clero. Siguiendo el deseo del arzobispo, prepararon la fundación de un colegio según la tradición educativa de la Compañía. Para obtener los permisos del General de la Orden y del Rey de España, los dos misioneros viajaron a Europa. Sin embargo, debido a diversos problemas, no regresaron al Nuevo Reino.

El Padre General Aquaviva propició el envío de doce jesuitas para que iniciarán la obra de la Compañía en el Nuevo Reino, asunto que se efectuó con la fundación de los Colegios de Cartagena de Indias y de Santafé. A este último se unió el Colegio Seminario fundado por el arzobispo Lobo Guerrero y confiado a la Compañía para la educación del clero y de algunos alumnos no destinados al sacerdocio. Durante la época colonial, los jesuitas atendieron principalmente el Noviciado de Tunja, los colegios en diversos lugares del Nuevo Reino y las misiones con indígenas en los Llanos Orientales.

El 31 de julio de 1767 los Jesuitas fueron sorprendidos por la real pragmática de Carlos III que los expulsaba de sus dominios. Por su parte, el Papa Clemente XIV promulgó, en agosto de 1773, el breve Dominus ac Redemptor por el cual se suprimía la Compañía de Jesús en todo el mundo. Todos los jesuitas salieron desterrados de la Nueva Granada y se establecieron, como prófugos, en Italia.

Posteriormente, la Compañía de Jesús fue restaurada por el Papa Pío VII el 7 de agosto de 1814, pero sólo el 18 de junio de 1844 los jesuitas pudieron regresar a Colombia, nación independiente llamada República de la Nueva Granada. A su llegada, les fue confiado el Seminario Menor que había sido instalado en el edificio que había ocupado el Colegio de la Compañía durante la época colonia. Durante este tiempo sobresale el importante trabajo de los jesuitas en las misiones de Putumayo y Caquetá.

Cuando la obra de la Compañía estaba en pleno desarrollo, el presidente general José Hilario López decretó su nueva expulsión, basado en las ideas liberales de progreso y libertad de pensamiento e invocando la vigencia de la pragmática sanción de Carlos III. Los setenta y seis jesuitas de la por entonces misión de la Nueva Granada salieron, unos hacia Jamaica y otros hacia Ecuador y Europa.

En 1858, el Arzobispo de Bogotá, Monseñor Antonio Herrán, logró que el Superior jesuita de Guatemala, Pablo Blas, restaurara la suprimida Misión granadina con el apoyo del Presidente, don Mariano Ospina Rodríguez. Poco duró la estadía en Santafé pues el 21 de julio de 1861 los jesuitas fueron expulsados de nuevo por el General Tomás Cipriano de Mosquera, aplicando esta vez leyes anticlericales so capa de reforma de la Iglesia.

El triunfo del presidente Rafael Núñez en la guerra civil (1884-1885) favoreció el restablecimiento de los jesuitas en sus obras apostólicas en la República de Colombia, nombre dado al país en la Constitución de 1886. Por entonces se abrieron los colegios de María Inmaculada en Bogotá y San Ignacio en Medellín. Posteriormente, en febrero de 1887, se abrió el Noviciado en Bogotá en el que ingresaron cuatro novicios. Así mismo, el Colegio de San Bartolomé regresó a la Compañía en 1887 y el arzobispo jesuita Ignacio Velasco, sucesor del también jesuita José Telésforo Paúl, le devolvió a la Orden, no sin contradicciones, la Iglesia de San Ignacio con todos sus bienes (1891).

En el siglo XX, el 9 de septiembre de 1924, fiesta de San Pedro Claver, la hasta entonces Misión Colombiana, dependiente de la Provincia de Castilla, fue declarada provincia independiente por el Padre General, Wladimiro Ledochowski.

Debido al crecimiento de obras y al extenso número de jesuitas de la Provincia Colombiana, el 6 de noviembre de 1961 el P. General Juan Bautista Janssens erigió dos provincias independientes: Colombia Oriental y Occidental, ésta última con sede en Medellín, aunque algunas casas y obras fueron llevadas con la cooperación de ambas provincias.

El 8 de diciembre de 1968 se unifica de nuevo la Provincia Colombiana, tal y como la conocemos el día de hoy, por el decreto del P. Pedro Arrupe, S.J., Prepósito General de la Orden.