SAN LUIS GONZAGA, PATRONO DE LA JUVENTUD

 

El viernes 9 de marzo se cumplieron 450 años del nacimiento de San Luis Gonzaga, declarado por la Iglesia como Patrono Universal de la Juventud.

Luis Gonzaga nació en Castiglione, cerca de Mantua, en la región de Lombardía, Italia, el 9 de marzo de 1568. Primogénito de Don Ferrante, Marqués de Castiglione y de Doña Marta, familia de la burguesía, emparentada con las noblezas de su tiempo. De niño, con su hermano Rodolfo, pasó dos años estudiando en Florencia, ciudad de la cultura, las artes, la elegancia y la cortesía. Después se trasladó con la familia a Mantua y, mientras su padre propiciaba oportunidades para prepararlo para un futuro de poder y de honores, su  madre le fomentaba la inclinación a la piedad y la devoción a la Virgen María, el amor a los pobres y necesitados. La lectura de las vidas de los santos suscitaba en él el ideal misionero, a todo lo cual se oponía rotundamente su padre.

En 1581, al ser distinguido don Ferrante con el honor de estar al servicio de la Emperatriz María de Austria, el rey Felipe II de España lo invitó para que con su esposa e hijos lo acompañara en su viaje a Madrid. Ya en la Corte de Felipe II, Luis y Rodolfo fueron nombrados pajes del heredero, don Diego, príncipe de Asturias. La vida de la corte, en la que vivió dos años, era toda vanidad, en un ambiente de disipación, entretenimiento, adulación y galantería. Luis lleva una vida de austeras costumbres entre las cortes reales y se margina de las sutilezas cortesanas.

A los doce años recibió la Primera Comunión e hizo ante la Virgen el voto de castidad. Apenas adolescente, afrontaba ya el comienzo de una lucha, por una parte, entre la oposición de su padre y su natural rebeldía, y por otra, el generoso deseo de ser todo de Dios. El mismo Luis reconocía ser impaciente, colérico, porfiado y terco, que experimentaba cierto resentimiento en las contrariedades. Luis, por su parte, se dedicaba a la oración y a la penitencia.

A los 15 años, fue a comulgar a la iglesia de los jesuitas en Madrid, y ante el altar de nuestra Señora del buen Consejo, oyó una voz interior que le decía: “Luis, ingresa en la Compañía de Jesús”. Su madre se alegró mucho, mientras su padre sintió que se le derrumbaban sus sueños, se disgustó mucho y se puso furioso. Regresando a Italia, Luis continuó su lucha contra el parecer de su padre y de muchos parientes.

Luis Gonzaga conoció bien lo que era la vida de las cortes borbónicas, pero tenía su corazón puesto en otros ideales. Luis Gonzaga tuvo que luchar contra la férrea oposición de su padre, quien no entendía cómo este primogénito renunciaba al Marquesado y prefería una vida alejada del mundo y de sus halagos.

Finalmente, luego de prolongadas discusiones y luchas con su padre, don Ferrante cedió y Luis pudo, con el consentimiento imperial, trasladar a su hermano Rodolfo los derechos de sucesión de que disfrutaba, renunciando así al Marquesado de Castiglione y disponiéndose para ingresar a la Compañía de Jesús.

Luis Gonzaga ingresó al noviciado de los jesuitas en san Andrés del Quirinal, en Roma, el 25 de noviembre de 1585, a los 18 años de edad. Los dos años de  noviciado fueron para él de crecimiento espiritual, sin nada extraordinario que mencionar. Después de hacer los votos de pobreza, castidad y obediencia, inicia los estudios de teología, también en Roma, donde fue un estudiante normal y muy querido por sus compañeros.

En el año 1591 la ciudad padeció una epidemia de peste que azotaba a todos los estratos de la ciudad. Junto con otros jesuitas, Luis se dedicó al cuidado de los enfermos y moribundos. Un día se encontró en la calle con un enfermo, lo cargó sobre sus hombros y lo llevó al hospital, pero contrajo la peste. Hacia la media noche del 21 de junio de 1591, cumplidos 23 años de edad, entregó su alma a Dios.

Sus restos reposan en un altar en la Iglesia de San Ignacio, en Roma. Fue canonizado por el Papa Benedicto XIII el 31 de diciembre de 1726. El Papa Pío XI lo declaró Patrono Universal de la Juventud.

Luis Gonzaga fue un joven valeroso y decidido que tuvo el coraje de decir “No” a los valores que le presentaba su ambiente, y de abrazar, contra todos, un estilo de vida que lo llevó a imitar a Cristo, dando su vida por los demás. Su vida es un modelo para imitar y por eso la Iglesia nos lo propone como Patrono de la Juventud.

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