Un acto de amor para cada día de la Semana Santa (puedes empezar hoy 😉)

San Juan en su primera carta tiene una frase muy tierna, que dice: «Hijitos míos, no amemos con la lengua y de palabra, sino con obras y de verdad» (1 Jn 3,18)

Una de las características principales de la fe católica es que la fe tiene que traducirse en obras. Santiago también lo dice en su carta, con un tono tal vez un poco más duro que San Juan:

«La fe, si no tiene obras, está realmente muerta. Y al contrario, alguno podrá decir: “¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe» (Stg, 2, 17-18).

Y en el último capítulo de la Carta de San Juan, lo dice de otro modo:

«Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve.  Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano”» (1 Jn 4, 20-21).

¿Qué tiene que ver esto con la Semana Santa que comenzamos este Domingo de Ramos? ¡Pues todo! ¿No sería hermoso poder vivir esta Semana Santa con el corazón, pero también con las obras? La liturgia de toda la Semana Santa nos prepara para el festejo de la Pascua, pero muchas veces lo dejamos en solamente una participación “litúrgica” y no lo traducimos en obras concretas. ¿Qué te parece si vamos siguiendo a Nuestro Señor en esta Semana Santa y lo imitamos en sus obras de amor a los demás?

Domingo de Ramos

¿Cómo recibimos a los demás? ¿Con ramos o con palos? Pongamos alegría en recibir a quienes llegan a nuestro hogar y hagamos que se sientan como reyes en nuestra casa. Cuando nuestros hijos lleguen de la escuela, que sea una fiesta y que en el reencuentro de todos en la mesa se sientan que son bienvenidos y amados.

Lunes Santo

Jesús echa a los mercaderes del templo. Saquemos a los mercaderes de nuestro propio templo. Quitemos de nuestra vida espiritual todo aquello que no nos permite adorar en verdad. ¡Especialmente el pecado! La Semana Santa es una ocasión propicia para confesarse y pedir la misericordia de Dios en el confesonario.

Martes Santo

Jesús regresa a Jerusalén. A pesar de que sabía que lo estaban buscando para darle muerte, Jesús regresa. ¿Tenemos alguna conversación postergada con alguien que nos hizo daño? ¿Le fallamos a alguien y lo estamos evitando? ¿Por qué no aprovechar este día para vencer esos miedos y enfrentar con valentía las consecuencias de nuestros actos? ¡Tal vez nuestro Señor tenga preparadas hermosas sorpresas detrás de un gesto valiente!

Miércoles Santo

María derrama el perfume en los pies del Señor. ¡Hagamos un gesto de enorme generosidad en servicio de alguien que lo necesite! ¿Que tal si nos proponemos regalar algo grande, algo que nos cueste mucho? ¡Hagámoslo! Dios no se deja ganar en generosidad.

Jueves Santo

La cena del Señor, y el lavatorio de los Pies. ¿Amamos como Cristo Amó a la Iglesia? ¿Podremos devolverle al Señor tanto amor que nos dio? Imitemos hoy el gesto de extremo servicio del Señor lavando los pies de los demás. No necesariamente igual que Jesús, pero sí podemos “lavar los pies” de alguien de quien hemos oído habladurías o de alguien que sabemos que necesita unas palabras de consuelo, o nuestra compañía.

Viernes Santo

Pasión y muerte de Nuestro Señor. ¿Tenemos algún dolor que nos lacera el corazón? Pongámoslo a los pies de la Cruz. Hoy nuestro Señor hace el sacrificio supremo que significa nuestra salvación. ¿Qué podemos hacer por otros? Cualquier sacrificio, por pequeño que sea, si lo ponemos a los pies de la Cruz salvadora, se agiganta. Ofrezcamos el ayuno y la abstinencia de hoy por alguien que nos hizo daño. Busquemos amar con el Amor de Dios, que da hasta que duele.

Sábado Santo

Nuestro Señor en el sepulcro, y su Madre sola, llorando. Acompañemos a alguien que sufre, en un hospital, en su casa o donde lo encontremos. Seamos el hombro solidario que está disponible para que los demás puedan derramar sus lágrimas. Escuchemos con atención a alguien que sufre, eso aliviana e corazón. Y recordemos durante todo el día a la dolorosa, con su corazón atravesado por siete espadas, y sepamos que después del dolor inefable, viene la gloria de la Resurrección.

Domingo de Pascua

¡Verdaderamente ha resucitado! Traduzcamos nuestra alegría en servicio.¿Por qué no comprometernos a ayudar a nuestra familia o amigos en cosas específicas? Seamos generosos en la entrega. Ofrezcamos nuestra ayuda a aquellos que lo necesitan.

Todos los días de la Semana Santa se pueden “traducir” en obras concretas. Pongamos nuestra fe en obras, para que se vea que no somos cristianos de “palabra” sino de obras.

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