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Tengo 99 problemas y la parálisis cerebral es solo uno de ellos. Un increíble testimonio

Mayzoon Zayid es una de esas mujeres que definitivamente no pasa desapercibida, toda su vida es una mezcla de luces, telones, tacos y risas, muchas risas. Su historia es realmente inspiradora. Pero ahora quisiera dejar de inspirar un poco y más bien expirar, ver qué hay debajo de todo eso que nos deja con la boca abierta luego de escucharla y entender un poco cómo es que todo esto sucede.

Es frecuente que leamos (o nos cuenten) historias como la de Mayzoon o tal vez seamos nosotros los que las compartamos con la intensión de motivar a otros a esforzarse y no enfocarse en las penurias de su propia vida, sobre todo en momentos en que todo parece difícil. Buscamos demostrar que si una chica con parálisis cerebral puede ser tan feliz y exitosa, el mundo entero puede serlo y yo puedo serlo.

Y aquí una confesión que muchos ya intuyen, no siempre estas historias inspiran. Dependiendo del temperamento, de la historia personal y el momento en que las veamos puede que como resultado en lugar de motivarnos nos sintamos aún más miserables. Sí, esto pasa y es más frecuente de lo que creemos. Muchas veces miramos a personas como Mayzoon y nos sentimos aún peor. Vemos el éxito y la fortaleza de una mujer discapacitada y nosotros que “lo tenemos todo”, no podemos lograr casi nada… o al menos eso creemos. Y como resultado la autocompasión es aún más fuerte y pesada, y la víctima interior crece.

Si prestamos un poco de atención a la historia podremos ver elementos que tal vez no sean tan inspiradores como la historia misma pero que definitivamente nos serán útiles. Veamos un poco más a fondo qué pasa detrás de esta mujer y saquemos algunos aprendizajes. Tal vez no nos catapulten al estrellato pero que estoy segura nos serán muy útiles en nuestra vida cotidiana.

Toda historia de resiliencia tiene ciertos pilares sobre los que se forja.Podemos aprender a reconocer estos pilares y a identificar los que están presentes en nuestra vida. Tal vez no tengamos todos, pero si descubrimos solo uno y tomamos la decisión de hacerle frente y alimentarlo, ya tendremos un buen trecho del camino recorrido frente a la adversidad

1. La aceptación de la propia realidad

Mayzoon empieza su monólogo hablando de su historia personal, aceptándola tal y como es, sin hacer juicios de valor sino mirándola objetivamente: «Esto fue lo que pasó y como resultado esta es mi vida». Desarrollar la capacidad de ver nuestra vida objetivamente es importante para hacer frente a la adversidad. En lugar de sentir lástima por uno mismo, es más productivo simplemente ver los hechos para ver qué podemos hacer con los recursos que tenemos a mano. La lástima, el miedo paralizan, el hacerse cargo de uno mismo con lo mucho o poco que tenga a mano conducen a la acción y la acción a resultados.

2. La importancia de una familia cercana y la figura del Padre en vida de una hija

La familia de Mayzoon, por lo que ella cuenta en su charla, era una familia numerosa. Tenía 3 hermanas mayores y a ella la trataban de la misma manera que a sus 3 hermanas, le asignaban tareas del hogar, le exigían de acuerdo a sus capacidades, ambos padres estaban presentes. Sacaban la cara por ella. Ella era amada por quién era, absolutamente valorada y para nada despreciada. Es notorio lo importante que fue para ella la figura de su padre, de hecho su plática gira en torno a él, sus enseñanzas y su amor. El padre en la vida de las hijas efectivamente es una pieza fundamental. Es él quien da seguridad, quien reta a utilizar todas sus capacidades y más, quién lleva a los hijos a enfrentar la realidad. En el caso de Mayzoon fue el padre quién las hacía volver a sus raíces, a recordar quiénes eran y a valorar lo que tenían, quién les inculcó la fe.

3. El sentirse valorada por quién se es

Mayzoon tuvo la bendición de crecer en un hogar donde la amaban por quién era. El sentirse valorada e importante para alguien es fundamental para desarrollar resiliencia. No todos tenemos la fortuna de crecer en un hogar lleno de amor pero absolutamente todos somos amados por quién somos, todos somos amados infinitamente por nuestro Creador. Si bien esto último puede no percibirse válido por personas no creyentes no deja de ser cierto. Como cristianos es importante que tomemos conciencia de esta realidad, pues en momentos de dificultad es ahí donde encontraremos la fuerza necesaria para salir adelante e incluso impulsar a otros.

4. El sentido del humor como arma contra la adversidad

El sentido del humor es una herramienta clave para afrontar la dificultad. No me refiero a un sentido del humor vacío, ese que se burla de los demás o mejor dicho a costa de los demás. Tampoco me refiero al sarcasmo, ni al sentido del humor que hace daño. Sino de la capacidad de reírse de uno mismo. De mirar las cosas con un poco de liviandad sin caer en superficialidades. Reírnos despeja la mente y abre paso a la creatividad. Este sentido del humor nos ayuda a tomar distancia de los problemas, a mirarlos de otra manera y si bien no a pasarlos por alto a tomarlos con mayor ligereza. Muchas veces pensamos que es un don o una capacidad innata, lo cierto es que así como casi todo en la vida a reír también se puede aprender.

5. El servicio a los demás como vocación y despliegue personal

El éxito de Mayzoon es que toda esta “gloria” no se la queda para sí misma, de hecho ni siquiera la busca. Salir al encuentro de los demás siempre es la clave. Conocer el sufrimiento, el dolor y hasta la soledad de primera mano cobra un mayor sentido cuando a través de esta experiencia logramos empatizar con los demás. La naturaleza del amor, de lo bello y de lo bueno muere si no se comparte. Si guardamos el éxito en una cajita, pronto ese amor y esa sensación de plenitud morirá. Servir y amar al otro siempre será la mejor elección aún en la adversidad.

Así pues, cuando te encuentres en dificultad y caigas en la falsa creencia de que no eres capaz de nada, mira estos elementos en tu vida. O aprende a cultivarlos, no solo pensando en ti sino en el legado que dejarás a los que tienes al lado: tus hijos, tu familia, tus amigos.

«La locura de la Cruz es la de saber convertir nuestro sufrimiento en grito de amor a Dios» (S.S. Benedicto XVI).